Israel.-
- miguel winazki
- 19 feb
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Las plagas más profundas, las infecciones más siniestras, son astutas. Se emboscan detrás de justificaciones malignas, pero enmascaradas de supuestas buenas intenciones.
Las "almas bellas" que condenan el sionismo; el derecho a la existencia del Estado de Israel, acumulan el veneno que busca exterminar al judaísmo, como ocurrió antes, tantas veces en la historia.
Aquí debo ser sincero. Israel es una luz en la historia de la humanidad. Es el país que desde la nada y tras el Holocausto extrajo agua de las arenas, soportó la guerra que todos los países árabes lanzaron contra esa luz emergente una y otra vez, que construyó saber, y tecnología, y medicina para todo el mundo. Que alojó a inmigrantes de todas partes -un 20% de sus habitantes son árabes- con representación parlamentaria. Y ahora, tras la infame invasión del 7 de octubre, tras las violaciones, los secuestros, y el nuevo intento por destruir esa civilización levantada desde la sangre de la Shoa, ahora mismo, es nuevamente impugnado por los antisionistas.
Es el único país en el mundo cuya existencia es refutada radicalmente.
Con coraje, los israelíes responden. Con las armas desde luego, como toda Nación agredida, con la ciencia, con el saber y con 4000 años de historia.
En la Europa opulenta, no son pocos los que homenajean la barbarie de Hamas, y los que pretenden liquidar la civilidad israelí.
No será posible. Israel, desde su estrecho territorio, y con la grandeza de su esfuerzo constructivo prevalecerá.-
Miguel Wiñazki.-




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