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El secreto de la Historia.-

Hay héroes que son ideas.

Son los que tienen las llaves, el Ábrete Sésamo de una identidad desplegada en el tiempo, pero sembrada en los orígenes.

Se trata de viajar a la semilla para comprender lo que ha florecido y lo que se ha marchitado.

Los próceres existen, son paradigmas, estructuras filosóficas vivientes que pensaron a la Argentina cuando aún la Argentina no era la Argentina.

Héroes que le pusieron el cuerpo a sus ideales, con la espada, con la pluma y la palabra.

Personas enormes, que están detrás de lo que somos.

“Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte”.

Son las sombras de los grandes, de Sarmiento que escribió el Facundo y que derrotó ideológicamente a Rosas, es la sombra de Rosas claro, el feroz Restaurador de las Leyes, que diseñó un país como una estancia a su servicio.

De San Martín, inigualable. Pensador y ejecutor de hazañas imposibles y posibilitadas por él y su genio. El Libertador, San Lorenzo, Cabral, los Andes atravesados desde su enfermedad, enfebrecido y a sangre y fuego. El mar desde Chile hasta el Perú, el protector del Perú donde propagó su credo que originó la cultura cívica que engendró esa Nación, y que el tiempo convulsionó hasta los complejos altibajos posteriores y presentes.

Manuel Belgrano, que estudió en Salamanca donde aprendió que la economía no es la tutelada desde una Metrópolis Central, sino la cotidiana y en libertad. Por la que se quitó la toga de abogado brillante para subir, expedicionario hasta el Paraguay y después hacia el norte, donde estrechó la mano de San Martín, envueltos ambos en la bandera, “que Belgrano nos legó”.

Somos ellos, aún cuando traicionemos su memoria con míseras inculturas. Aún cuando intentemos olvidarlos en la noche de ignorancia.

Pensar la historia es pensarnos.

Están allí, no son un archivo. Son el ejemplo, la enseñanza, la partitura que aprendimos en la escuela y que desaprendimos tantas veces.

Belgrano, San Martín, Rosas, Sarmiento. El orden de los factores no altera el producto.

La Argentina les debe la vida.

Ellos poseen el secreto.

Somos nosotros los que podemos revelarlo.-


Miguel Wiñazki.-


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